Hay ocasiones en que, ante un problema de salud,
no sabemos exactamente que hacer. Sobre todo si es de carácter leve, y ante una afectación traumatológica, puede ser que esto nos conduzca a la idea de “ya se pasará”. Incluso cuando recibimos un tratamiento, hay veces en que es bueno saber que podemos hacer después, o como retomar adecuadamente la actividad.
Sin embargo, un inadecuado planteamiento terapéutico puede desencadenar lesiones crónicas, y que a su vez pueden ser cuna de futuros problemas, a veces más graves.En este artículo queremos dar unas ideas sobre las lesiones más frecuentes en traumatología del deporte, y como la fisioterapia puede ayudar a, no sólo recuperar satisfactoriamente esa lesión, sino a tratar de evitar en la medida de lo posible que la cronificación o mala rehabilitación pueda condicionar el futuro de la actividad física de esa persona.
A través de más de quinientas consultas realizadas a esta sección, podemos empezar por identificar cuales son aquellas lesiones que, o bien son las que más se producen, o bien son las que más problemas secundarios ocasionan, y por tanto más dudas generan entre aquellas personas que las padecen.
En este sentido, caben destacar, sin lugar a dudas, cuatro grandes grupos. Las lesiones de espalda, y concretamente las hernias discales. Las patologías de rodilla, y sobre todo las que se encuadran en las condropatías (o afectación del cartílago articular). Las luxaciones, fundamentalmente las de hombro. Las famosas tendinitis, con aspectos que afectan a cantidad de tendones de todo el cuerpo (desde hombros, antebrazo, rodilla, pié...) y por último los esguinces (afectaciones ligamentosas), bien de rodilla o bien de tobillo, destacando sobre las demás localizaciones.
Estas lesiones, podemos decir que representan del orden del 90% o 95% de las consultas, bien para informarse sobre la lesión en sí misma, o sobre las mejores opciones terapéuticas en cada caso. Desafortunadamente, y de forma habitual, también hay dudas sobre que hacer cuando se producen cronificaciones, o malas recuperaciones, o bien tras años de arrastrar la lesión, que puede hacerse entonces.
Algunas de estas indicaciones son las que quiero abordar a partir de ahora mismo, pero siempre teniendo en cuenta que la visión que yo daré es la que como fisioterapeuta tengo, y que esto puede y debe complementarse con el aporte de todo el equipo terapéutico que se involucre en el caso. Además, como ya he repetido en múltiples ocasiones, esto no deja de ser una visión global, sin entrar a valorar los condicionantes individuales de cada caso. Realmente, el acierto de una opción terapéutica u otra, esta muy determinada por esas individualidades a las que me acabo de referir.
Para ir entrando en materia, quiero hacer una primera clasificación, dentro de esos cinco grupos lesivos. Es una clasificación quizás poco ortodoxa desde el punto de vista “científico”, pero que nos resultará muy válido de cara a entender mejor que es lo mejor en cada caso.
En esta clasificación, quiero separar lo que son las lesiones más puntuales, por llamarlas de alguna manera, y las que son más, podríamos decir, evolucionadas.
Con esto quiero distinguir entre las luxaciones y esguinces, que suelen producirse de manera más traumática, más accidental, y cuyas secuelas puede y suelen aparecer por un planteamiento equivocado en la recuperación, y las condropatías, tendinitis y hernias discales, que suelen ser lesiones a las que se tiene acceso ( los terapeutas) tras un tiempo de evolución.
En este último caso, las lesiones se gestan más tiempo, con pequeñas molestias, sobrecargas, malos gestos, descuidos...que acaban por conducir hacia la lesión propiamente dicha. Incluso a partir del momento de surgir la lesión en sí misma, el paciente tarda en acudir al centro que sea. Esto da como consecuencia que los problemas no son tanto (como en el primer grupo) el planteamiento del tratamiento, como el factor derivado de ese tiempo que se arrastra la lesión, que se deja evolucionar, que en definitiva se pueda cronificar.
Por lo general, en la gran mayoría de los casos clínicos tratados, así suele ser.
No quiero dejar de hacer una pequeña aclaración en cuanto a que realmente hay hernias discales que se producen por un gesto o sobreesfuerzo concreto. Pero aún así, muchos de estos casos ya tienen unos condicionantes anteriores, y simplemente ese gesto, suele ser la gota que colma el vaso. Pero como siempre también podemos encontrar, así como en el resto de lesiones de las que hablamos, la excepción que confirma la regla.
Visto esto, hay tres consejos generales que, bajo mi punto de vista, debemos tener presentes cuando nos aparece cualquiera de estos casos.
El primero es que, ante cualquier molestia fuera de lo normal acudamos a realizarnos una visita. Hablo de “fuera de lo normal”, porque no me refiero a un dolor por agujetas, por ejemplo, o cansancio físico. Esto queda de parte de cada uno, y aquí esta la responsabilidad individual. Quiero hacer mención a una declaraciones que hizo un eminente cardiólogo estos días atrás, que de visita en nuestro país (aunque es nacido en España), se refería a los frustrante que era el ver como al año del primer infarto de miocardio, sólo el 30% de los pacientes siguen las pautas indicadas para ser cumplidas de cara a prevenir el segundo infarto (o posteriores). Esto es aplicable a la mayoría de los tratamiento, y es una lástima, porqué la salud es responsabilidad de cada uno, por supuesto con toda la ayuda de los profesionales que nos dedicamos a ello. Es una idea que no hay que olvidar.
El segundo es que, y esto queda en manos del terapeuta, sea cual sea la lesión (dentro de los cinco grupos que nos llevan), a las 24 o 48 horas, y siempre en función del alcance, es bueno, y correcto, empezar con la fisioterapia. Si, digo bien, y en el caso de un esguince, una luxación o un problema de espalda, mejor el mismo día o al siguiente, empezar con el tratamiento.
El tercero es que, el proceso rehabilitador no termina hasta que se puede retomar la actividad habitual de esa persona de forma que estemos lo más seguros posibles de que no volverá a repetirse esa lesión. Quedan al margen aquellos accidentes que son eso precisamente: accidentes, y que son de todas maneras inevitables. Aquí entran de lleno los conceptos de reintegrarse a la vida habitual, reeducar las actividades cotidianas, enseñar al paciente normas preventivas...
Esto, como norma para todas estas lesione, sin lugar a dudas.
El no cumplir el primero de estos consejos, puede llevara a cronificar una lesión, o en el mejor de los casos a que el proceso de recuperación, bien sea mucho más largo en el tiempo, bien no sea todo lo efectivo que pudiera haber sido.
El prolongar en el tiempo el comienzo del tratamiento fisioterápico (repito, en las lesiones de las que estamos hablando) puede tener parecidas consecuencias. ¿A alguien se le ocurre dejar sin escayolar un brazo roto?. ¿Porqué entonces dejar un mes sin fisioterapia un esguince?. La fisioterapia es mucho más que retorcer miembros y hacer masajes. Hay fórmulas y técnicas sobradamente demostradas científicamente, que ayudan en la inflamación, el edema, los roturas de estructuras...y que entran de lleno en el campo de actuación fisioterápico. En los tres casos que he nombrado: esguinces, luxaciones y hernias o protusiones discales hablo, no sólo como fisioterapeuta, sino como montañero que ha sufrido todas (esguinces y luxaciones varias veces, hasta que supe que hacer y como hacerlo gracias a mi profesión).
El no observar el tercero, puede llevar a próximas visitas al fisioterapeuta, es decir, a recaer en la lesión por no haber terminado el proceso entera y satisfactoriamente.
El deportista debe salir de la última visita con la idea muy clara de que es lo que ha pasado, porqué, y de que forma puede disminuir al máximo las posibilidades de recaer.
A modo de resumen final, me gustaría terminar diciendo que, una vez tenemos una lesión de estos tipos, no debemos prolongar en el tiempo esa primera visita, no se debe tampoco prolongar el inicio de cualquier tratamiento, incluida la fisioterapia, y no se debe obviar que ha habido una lesión, y que hay que saber como protegerse para que no se vuelva a producir. Al menos intentarlo.












